Comunicación para el éxito. Taller de oratoria profesional

Cualquiera puede hablar bien en público ya lo sabemos, pero es algo de lo que tenemos que estar plenamente convencidos antes de empezar este curso. Solemos admirar a personas elocuentes que se desenvuelven con soltura ante la audiencia. Te quiero contar, estimado aprendiz de arquero, un secreto: el buen orador…

Autor: Daniel
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  • 1 octubre, 2013

Cualquiera puede hablar bien en público ya lo sabemos, pero es algo de lo que tenemos que estar plenamente convencidos antes de empezar este curso.

Solemos admirar a personas elocuentes que se desenvuelven con soltura ante la audiencia. Te quiero contar, estimado aprendiz de arquero, un secreto: el buen orador no nace, sino que se hace.

Los grandes actores, oradores o atletas empezaron como tú: como estudiantes. A todos nos va haciendo la práctica.

En las competiciones de Kyudo ( El Camino del Arco -tiro con arco japonés- la verdadera competición no se lleva a cabo entre los arqueros, sino entre el arquero/a y la diana. Ambos son una misma cosa. Justo cuando se dispone a lanzar su flecha, el blanco se convierte en un espejo que refleja las cualidades de su corazón y su mente.

Tu carcaj está lleno de flechas. Sólo tienes que aprender a colocarlas en tu arco y disparar con acierto. Necesitarás flechas rectas y verdaderas, lo cual lleva inherente la honestidad palabras en las que creas con el corazón. Necesitarás un buen arco que tenga el peso adecuado, en función de la audiencia/interlocutor al que te dirijas. Necesitas aprender a tensarlo y disparar las flechas de tu mensaje.

Aprenderás a entrar en la sala y conectar directamente con tu audiencia. Como buen Arquero de la Palabra, tendrás que conocer el terreno, saber con certeza de dónde sopla el viento, dónde se hallan los obstáculos, cómo controlar tu respiración, cómo tensar tu arco, o cómo elegir y disparar cada una de tus flechas. Auto-confianza en cuanto a los conocimientos que encierras, la certeza de que tu discurso es un traje a medida. Sólo entonces podrás dar en el centro de tus interlocutores.

Cuando te enfrentas a un auditorio, tienes que conocer su opinión sobre el tema, saber elegir el léxico óptimo para cada ocasión. Te daremos las herramientas que te ayudarán a leer la retroalimentación, a comprender y adaptarte al público, a conocer tus propios límites, a controlar tus discursos y a seguir creciendo hasta el infinito.

A menudo te arrojarán flechas, desde los alrededores del bosque, que encierran preguntas hostiles. Tú no estás ahí para enfrentarte a ellas, sino para eliminar interferencias y lograr que tu mensaje siga llegando. Mantén siempre la diana con nitidez en tu mente, incluso si una ráfaga de viento arrastra la flecha desviándola de la diana. Piensa en todo momento en la razón por la qué estás ahí y visualiza tu objetivo sin perderlo jamás de vista. No tienes que dar necesariamente en el centro, sólo aproxímate al corazón de quienes te escuchan.

Deberás saber qué se oculta detrás de cada diana. Utiliza las preguntas que te formulen para acercarte más a su centro, para mejorar como orador y, sobre todo, para ser mejor persona.

Mi padre solía decirme dos cosas:

1. Todo aquello que está sujeto a unas reglas es susceptible de ser aprendido.

2. Nadie es superior, ni tampoco inferior a nadie.

Quisiera relacionar estas dos afirmaciones con dos hechos:

1. El arte de la oratoria (conjunto de técnicas susceptibles de ser practicadas hasta conseguir su dominio) es una habilidad que se adquiere.

2. Si aprendemos a potenciar lo que se nos da bien y somos conscientes de nuestros puntos débiles, podremos mejorar.

No hay duda de que habrá un antes y un después a este curso.

Disfrutaremos de la aventura de reinventarnos juntos, de la montaña rusa del descubrimiento de las habilidades latentes que yacen en tu interior, de las que surgirá el excepcional orador que ya vive en ti. Queremos ver a esa buena persona que te bulle dentro aflorará, no como un barniz de honestidad, sino desde lo más profundo de tu ser a través del uso del espacio, de cada palabra pronunciada, de la modulación de tu voz o de tus gestos, dotando de alma a cada palabra que pronuncies. Canalizaremos la energía de tu comunicación no verbal para reforzar aquello que afirmes, con honestidad.

Al final de cada curso, será evidente:

1. El profesor se ha convertido en el estudiante que ha aprendido a ayudar a los demás a redescubrirse.

2. Qué razón tenía mi padre !

Maty Tchey